Con mis compañeras de piso no tengo grandes problemas, aunque -por supuesto- si pudiera, viviría sola. Pero, dado que (no sólo me encanta vivir en el centro sino que además) he decidido adoptar el trío salir-viajar-comprar como una forma de vida :P, no me queda más remedio que compartir.
Una de ellas es como una maruja y se pasa la vida en casa, obsesionada con la limpieza, con la calefacción puesta cual residencia de ancianos (¿en serio que el 20 de marzo aún se pone la calefacción?) y usando las sartenes raídas porque las buenas (las buenas de siete euros, quiero decir) son para las tortillas.
Tenemos una alfombra absolutamente asquerosa, que está siempre sucia y que no hace ningún papel, aparte de impedir abrir la puerta del salón con holgura. Como a ella le gusta, ahí está, y además desde que llegué ha estado pegada al suelo con una cinta de embalar de letras rojas que decía "precinto seguridad". Imaginad el cuadro...
Como no se puede luchar contra los elementos y, visto lo visto, yo me iré del piso antes que la maldita alfombra, he cambiado la cinta por esta otra para hacernos la convivencia (la de la alfombra y mía, digo) algo más agradable... :D











